jueves, 15 de enero de 2009

Pesadilla kafkiana: ¿descripción de la realidad?


Al leer la obra "El Proceso", de Franz Kafka, es fácil percibir la desesperación de un personaje ("Josef K.") que padece un proceso judicial absurdamente ilógico y ante una "justicia" sumamente autoritaria. También se puede percibir la desesperación/resignación de otros personajes vinculados a procesos llevados a cabo ante dicha "justicia" (por ej., abogados y otros acusados).

Habitualmente se califica a dicha obra de surrealista, se la describe como el relato de una situación pesadillesca, y desde luego, sumamente irracional y carente de toda coherencia.

Así, cualquier lector seguramente pensará que sería muy difícil, por no decir imposible, encontrar actualmente una sociedad poseedora de un sistema judicial como el utilizado por Kafka para transmitir tan exitosamente semejante sensación de desesperación...

Pero, obviamente, tal lector no sería un abogado -al menos no uno argentino-... baste con leer (como simple ejemplo) el siguiente fragmento de la obra:

"... Desde luego que, en tales condiciones [haciendo referencia al secreto de los expedientes], la defensa se hallaba en una situación muy desfavorable y difícil; pero también esto era deliberado, porque en el fondo la ley no admitía ninguna defensa, sino que sólo la toleraba y hasta parecería preguntarse si verdaderamente no sería menester poner en tela de juicio aquellos puntos de los códigos según los cuales habría que admitir la defensa en algunos casos. De manera que en un sentido riguroso no existía ningún abogado reconocido por la justicia; todos los abogados que actuaban en las esferas judiciales no eran en el fondo, pues más que simples leguleyos. Naturalmente que esta disposición deshonraba en alto grado a todo el gremio; cuando K. acudiera la próxima vez a las oficinas de los tribunales, no tendría que ver para convencerse de ello más que la sala de espera destinada a los abogados. Sin duda, se espantaría de la cantidad de gente que allí se reunía. Ya el recinto mismo, estrecho y bajo, que se les había adjudicado, revelaba el desprecio que la justicia tenía por ellos..."

Y, nótese que Kafka era abogado...




2 comentarios:

Claudio Cactus dijo...

Notable.

Lo grandioso de leer a Kafka, es que escuchamos la voz de un hombre que en su narrar definió e intuyó todas las absurdas posibilidades que se abrían entre el hombre y lo jurídico desde el momento en que nadie ya más sabría quién tenía el poder, pero sí quién no lo tiene.

Ese momento es la configuración del derecho como las riendas de un leviatán... del estado.

Notable su post. Hace mucho quería leer algo que fuera una disquisición sobre Kafka y el proceso, digo derecho.

http://iuspoetica.blogspot.com

Cristian Penna dijo...

Muchas gracias Claudio, me alegra que te haya gustado éste post. Un saludo,

Crisitan